LAS MEJORES COLUMNAS DE PERIODISMO ESPECIALIZADO

lunes, abril 03, 2006


"HIKIKOMORIS"

Chema es un vicioso de los juegos de ordenador. Un día estuve en su casa y nos enganchamos los dos, como auténticos adictos, al nuevo juego de la tal Lara Croft. Su madre nos vio tan sumergidos en las curvas de la protagonista que nos soltó: << lang="es-ES">hikikomoris >>. Mi amigo, sin separar la vista de la pantalla, le contestó vacilón: <<>>. Yo me quedé dudando: << ¿Pero qué me estará llamando está mujer? >>. Tras dos o tres segundos dubitativos, me adentré de nuevo en nuestra “aventura virtual”.

Cuando iba hacia casa no paraba de darle vueltas a “eso” que nos había llamado la madre del colega. Decidí buscar información en Internet. Lo suyo me costó hasta dar con semejante palabro... Hikikomori, ésa es la palabra japonesa que se utiliza para denominar a esa gente que se pasa todo el día en su habitación, sin salir; jugando a las consolas, conectados a Internet, y cuyo mayor nivel de relación con el mundo exterior es el ancho de banda de la conexión que tienen contratada. Al parecer, son adolescentes que se ven empujados a tal aislamiento (que puede llegar a años de encierro) por la presión que la sociedad japonesa ejerce sobre ellos para que triunfen.

Ese ansia por ser mejor que el otro, el ansia de la competitividad, ese pisotear a la gente porque sí... Todo esto ha llevado a que cada año cerca de 35.000 jóvenes se suiciden en el país nipón. Una auténtica barbaridad. Pero además son los propios hikikomoris los que publican páginas web donde no sólo te ayudan a suicidarte, sino que te indican paso a paso cómo lo tienes que hacer, qué es lo más rápido, los mejores lugares... Un problema social que traspasa fronteras, ya que se han empezado a dar numerosos casos en Estados Unidos y Europa occidental.

Casualmente, escuché no hace mucho en la radio una tertulia sobre estos adolescentes. Si no recuerdo mal, un tertuliano dijo que hubo un caso en el que un joven hikikomori de 17 años secuestró a una adolescente y la tuvo en cautiverio ¡durante nueve años! Esta especie de humanos enfermos son capaces de realizar crímenes terribles como éste o incluso peores. Ha habido numerosos sucesos de asesinatos múltiples realizados por hikikomoris. Pero la sociedad nipona prefiere, antes de someterlos a tratamiento psicológico, que sean los propios hikikomoris los que se den cuenta de su problema y vuelvan ellos solos a esa sociedad que, paradójicamente, les empujó a abandonarla. Mientras tanto más de 30.000 jóvenes volverán a suicidarse este año. Casi nada.

Recordando el momento en el que dudé sobre lo que la madre de mi amigo nos estaba llamando, ahora sé bien lo que le hubiera contestado: << ¡Dios me libre de ser un hikikomori! >>.

lunes, marzo 27, 2006

¡CULETE, CULETE!


La 2 anunciaba en este último mes la vuelta a las pantallas de Campeones, o como más lo hemos conocido los quintos de los ochenta: Oliver y Benji. Sí. Los magos del balón regresan para ocupar ese rato vespertino en el que somos incapaces de decidir qué culebrón toca soportar esa tarde. Lo viejo está de moda otra vez. No hay más que ver la televisión cualquier día de la semana para encontrarse con programas como Humor amarillo, Los Fruitis o D'Artacan y los mosqueperros. Y provocan que nuestros más tiernos recuerdos de la infancia afloren de nuevo.

En los últimos años ha habido numerosas quejas sobre la violencia de los dibujos animados de hoy en día. Pero los dueños de las cadenas han desoído, en su mayoría, las protestas. Tal vez ahora que está en auge la televisión de los ochenta y noventa sería conveniente recuperar grandes series de la época. ¿Quién no se acuerda de Los Caballeros del Zodiaco, David el gnomo, Los Fraggle Rock o Los Aurones? Quizá no tengan la calidad técnica de las series del momento, pero la violencia era apenas inexistente (salvo en los guerreros zodiacales), transmitían valores tremendamente positivos, y ¡qué narices!, eran la leche. El problema está en que todas las cadenas aseguran pugnar por una programación infantil adecuada, pero series como Pokemon, Shin Chan o Los Simpsons, lo contradicen. No quiero decir con esto que vaya en contra de estas animaciones, sino que tienen altos contenidos de violencia y diálogo soez no recomendados para menores de trece años. Más de una vez he visto a mis primos de siete años hacer un calvo al estilo Shin Chan con su famosa frase: <<¡Culete, culete!>>, al compás del mítico movimiento del trasero del niño japonés.

Pero, ¿por qué gastar millonadas para adquirir los derechos de emisión de series como éstas, y no recuperar aquéllas que marcaron en los jóvenes de los ochenta y cuyos derechos son prácticamente gratis? Creo que saldríamos ganando todos. Las cadenas ahorrarían grandes cantidades de dinero que podrían utilizar en otras inversiones. Los niños no sólo disfrutarían de estas series fantásticas, sino que aprenderían valores que hoy caen en el olvido (la deportividad de Campeones, la solidaridad de David el Gnomo, la tolerancia de Los Fruitis, o incluso el ecologismo de Los Aurones). Y los padres se quedarían más tranquilos sabiendo que sus hijos pueden gozar de una programación educativa, y a la vez, entretenida.

Ahora, con la vuelta de Oliver y Benji, entre otros, parece que el asunto empieza a mejorar (poco a poco, pero menos da una piedra). Y espero que pronto se vuelva a oír entre los niños eso de <<>>, y se dejen de tanto ¡Culete, culete!


ESBAFAO”

El otro día acudí a una cena con mis antiguos compañeros del instituto. Yo llevé una botella de Coca-Cola de casa. Mi amigo Jorge, “accidentalmente”, tiró la botella de la mesa. << ¡Ya has “esbafao” la Coca-cola! >>, le dije. << ¿¡Esba...qué!? >>, exclamó extrañado Jorge. En mi tierra, “esbafar” es quitarle el gas a este tipo de bebidas.

Lo mismo ocurre con los gobiernos en España y, seguramente, en el resto del mundo democrático. Suelen llenar de promesas nuestros corazones; pero al final de la legislatura, raras veces cumplen lo prometido. Podría decir que los gobiernos acaban por “esbafarse”: pierden el gas de sus promesas y acaban por dejar ese sabor “rancio” en los ciudadanos, esa cierta insatisfacción ante los sueños incumplidos.

La política actual, en realidad, es un juego cruzado de demagogias entre el partido del poder y la oposición. Lo que no promete uno, lo promete otro. Apenas se tiene en cuenta a los ciudadanos, sin embargo, nosotros somos el eje de la democracia. Cuántas veces habré leído en prensa, internet u otros medios los programas electorales de los partidos para poder elegir una “buena” opción; y cuántas las frustraciones acarreadas por ver el incumplimiento de tales promesas.

Yo, aunque pueda sonar raro o de una persona friki, me suelo ilusionar y me llenan de esperanza los inicios de una nueva legislatura. Pienso que esta vez será distinto, que los políticos sí van a cumplir con nosotros, que lo pasado pasado está, y que hay que mirar hacia delante, al futuro... ¡Ignorante de mí! La historia se repite cada cuatro años.

Todos sabemos (porque estoy seguro de que todos lo hemos probado alguna vez, especialmente para hacer alguna que otra bromilla) que cuando agitamos una Coca- Cola, empieza a formarse una espuma dentro de la botella, y que, al quitar el tapón, un chorro de espuma sale disparada. Las campañas electorales podrían ser, perfectamente, esa espuma. Los políticos van de un lado a otro, prometiendo una cosa, y después otra. En un vaivén agitador que forma esa espuma de burbujas que estalla cuando se quita el tapón a la botella. Es decir, cuando el partido llega al poder. Para después dejar escapar ese “gas” a lo largo de los cuatro años de mandato. Aunque haya ocasiones en las que en el primer año el gas esté más que evaporado.

Estuve a punto de soltarle esta peculiar metáfora a mi amigo Jorge. Pero preferí dejar que la cena transcurriera tranquilamente. Ajeno a esta realidad que, a mi pesar y al del resto de los ciudadanos, tenemos que padecer de manera constante. Por cierto, “esbafar” es un vocablo de mi tierra, Aragón.

jueves, marzo 16, 2006

“¿OTRA VEZ CON LO DE LA GASOLINERA?”


Escuchaba varias emisoras de radio-fórmula musical en busca del grupo Camela entre las “top listas” de estas emisoras. Pero no aparecía en ninguna, ni siquiera era nombrado. Me desilusioné. Un año más, Camela vuelve a ser número uno en las listas de ventas de nuestro país, y otro año más vuelve a ser el número uno de los olvidados en los medios de comunicación. El grupo madrileño de tecnorumba lleva sufriendo esta situación cerca de una década. Y no parece que la situación vaya a cambiar.

Camela ha sufrido el mismo trato que recibió la rumba hace ya dos décadas, cuando ésta era relegada de las radios y televisiones a meros clubes de carretera y gasolineras. Todo cambió con la aparición de Los Chunguitos en la movida madrileña, y cuando, años más tarde, en la clausura de los Juegos Olímpicos de Barcelona, la rumba catalana sonó para millones de espectadores en todo el mundo, haciendo que este tipo de música vital y vigorosa fuera sacada de su silencio.

Pero luego llegó Camela, en 1994, y volvieron de nuevo los silencios y los olvidos. Ninguna radio musical les emitía y acababan postergados a televisiones y programas cutres, donde eran abandonados en los camerinos hasta la hora de su actuación. Hora en la que se producía el milagro: la gente se enloquecía con sus canciones, se ponía en pie y les encumbraba hasta el número uno en las listas de ventas.

Todavía no me explico como con sus casi seis millones de discos vendidos y una espectacular carrera discográfica de doce años se le sigue considerando el patito feo de la música española. Sus cifras de ventas dejan pequeñas las de muchas pretendidas figuras que con sonar tan solo en algunas radios amigas y tener unos fans temporales, que al poco tiempo se olvidan de ellos, se consideran símbolos de una época. Camela siempre ha sido considerado el rey de las gasolineras (vendieron más de un millón de casettes). Algo que han utilizado tanto medios de comunicación como otros artistas para burlarse y ridiculizar al grupo. Menos mal que ellos ya están curados de espanto y no les importa nada estas criticas. Como decía Ángeles Muñoz, la fémina del grupo, en un conocido periódico regional: <<>>. Pues ahí queda dicho, a ver cuando la gente se olvida de las malditas gasolineras y empiezan a valorarles como creo que se lo merecen .

Otra cosa curiosa y que me hace mucha gracia es que músicos consagrados, grandes emisoras e incluso discográficas de prestigio (como Sony) han criticado en los últimos años la emergencia de “cantantes de segunda” por programas como Operación Triunfo. Sin embargo, son éstos los primeros que han aprovechado para hacer fortuna y promociones con estos fulgurantes personajes de la canción. Por no hablar también de premios como los “Amigo”, que supuestamente congratulan a los artistas que más venden. Pero luego vemos que premian artistas que apenas llegan a las 200.000 copias de ventas, artistas fugaces que en dos o tres años son olvidados, ¿o alguien se acuerda ya de Los Caños (artista revelación 2001)?

El caso es que Camela ha sacado nuevo disco y lleva ya tres semanas en el número uno de ventas. Por cierto, el otro día fui a comprarlo y al llegar a casa mi tía me preguntó cómo podía gustarme semejante música de camioneros y gasolineras. Yo le contesté: << ¿Otra vez con lo de la gasolinera? >>.