Chema es un vicioso de los juegos de ordenador. Un día estuve en su casa y nos enganchamos los dos, como auténticos adictos, al nuevo juego de la tal Lara Croft. Su madre nos vio tan sumergidos en las curvas de la protagonista que nos soltó: << lang="es-ES">hikikomoris >>. Mi amigo, sin separar la vista de la pantalla, le contestó vacilón: <<>>. Yo me quedé dudando: << ¿Pero qué me estará llamando está mujer? >>. Tras dos o tres segundos dubitativos, me adentré de nuevo en nuestra “aventura virtual”.
Cuando iba hacia casa no paraba de darle vueltas a “eso” que nos había llamado la madre del colega. Decidí buscar información en Internet. Lo suyo me costó hasta dar con semejante palabro... Hikikomori, ésa es la palabra japonesa que se utiliza para denominar a esa gente que se pasa todo el día en su habitación, sin salir; jugando a las consolas, conectados a Internet, y cuyo mayor nivel de relación con el mundo exterior es el ancho de banda de la conexión que tienen contratada. Al parecer, son adolescentes que se ven empujados a tal aislamiento (que puede llegar a años de encierro) por la presión que la sociedad japonesa ejerce sobre ellos para que triunfen.
Ese ansia por ser mejor que el otro, el ansia de la competitividad, ese pisotear a la gente porque sí... Todo esto ha llevado a que cada año cerca de 35.000 jóvenes se suiciden en el país nipón. Una auténtica barbaridad. Pero además son los propios hikikomoris los que publican páginas web donde no sólo te ayudan a suicidarte, sino que te indican paso a paso cómo lo tienes que hacer, qué es lo más rápido, los mejores lugares... Un problema social que traspasa fronteras, ya que se han empezado a dar numerosos casos en Estados Unidos y Europa occidental.
Casualmente, escuché no hace mucho en la radio una tertulia sobre estos adolescentes. Si no recuerdo mal, un tertuliano dijo que hubo un caso en el que un joven hikikomori de 17 años secuestró a una adolescente y la tuvo en cautiverio ¡durante nueve años! Esta especie de humanos enfermos son capaces de realizar crímenes terribles como éste o incluso peores. Ha habido numerosos sucesos de asesinatos múltiples realizados por hikikomoris. Pero la sociedad nipona prefiere, antes de someterlos a tratamiento psicológico, que sean los propios hikikomoris los que se den cuenta de su problema y vuelvan ellos solos a esa sociedad que, paradójicamente, les empujó a abandonarla. Mientras tanto más de 30.000 jóvenes volverán a suicidarse este año. Casi nada.
Recordando el momento en el que dudé sobre lo que la madre de mi amigo nos estaba llamando, ahora sé bien lo que le hubiera contestado: << ¡Dios me libre de ser un hikikomori! >>.

